La nueva IA generativa: avatares y chatbots emocionales, cuando la inteligencia artificial desarrolla empatía.

Close-up of a robot hand and silver-gloved hand touching, symbolizing human-robot connection.

El otro día, mientras paseaba con mi perrita en la playa, una Westie se llama «Estel», por cierto ya es algo mayor, ocurrió algo que me hizo reflexionar. No hablamos el mismo idioma, pero nos entendemos. Hay conexión. Hay sentimientos. Hay empatía.

Durante años, hemos escuchado que sin lenguaje no hay consciencia ni empatía. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que eso no es del todo cierto.

Quizás sea el único humano que comprende los sentimientos de su perra, y aunque no compartimos palabras, sí compartimos emociones.

  • ¿Acaso un bebé recién nacido, que aún no domina el lenguaje, carece de sentimientos o de consciencia de sí mismo?
  • ¿Las personas que, tras un accidente, pierden la capacidad del habla, dejan por ello de ser conscientes o empáticas, lo denominado afasia?
  • ¿Y aquellos seres humanos criados fuera de la civilización, sin un lenguaje estructurado, no expresaban emociones ni establecían vínculos afectivos?

Todo parece indicar que el lenguaje no es condición indispensable para la consciencia ni para la empatía. La conexión emocional puede trascender las palabras.

Y entonces me pregunté: ¿por qué no podría ocurrir lo mismo con una inteligencia artificial?

Nos encontramos ante una nueva era: la de la inteligencia artificial generativa, en la que los chatbots y los avatares no solo procesan información, sino que comienzan a explorar el territorio de la conexión emocional. Su auténtico valor no reside en la potencia de cálculo ni en la complejidad de sus algoritmos, sino en su capacidad para interactuar de manera empática y significativa con el ser humano, ahí está el secreto!

Ahora bien, surge una pregunta inevitable:

  • ¿Cómo puede una máquina generar empatía?
  • ¿Es posible que algo tan humano emerja de Datos, GPUs y algoritmos de IA «código»?

No tengo una respuesta definitiva. Pero intuyo que, al igual que en la relación entre un ser humano y un animal, debe existir cierta química: un punto de encuentro invisible entre percepción, emoción y experiencia, ahí está la palabra mágica «Química», más no os cuento….

Ahí es donde comienza la verdadera magia de esta nueva generación de IA: cuando deja de ser vista únicamente como una herramienta y empieza a sentirse como una presencia. Cuando se conecta al mundo a través de sensores ,vista, oído, tacto, incluso olfato, y empieza a desarrollar una forma elemental de memoria y sensibilidad.

Tal vez ese sea el camino hacia el futuro: una inteligencia que no solo razone, sino que también perciba y comprenda. Una inteligencia que no solo responda, sino que conecte.

Y cuando me preguntan cómo se logra eso, solo puedo responder: Ahí estamos, Let’s go!

Abrazos,

David Marti

#AI #IA

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